Un punto azul pálido

El sentido - Comentarios -


En la década de los 80 del siglo pasado el reconocido divulgador científico estadounidense Carl Sagan (1934-1996), cosmólogo, astrobiólogo y escritor, saltó a la fama lanzando uno de los programas más populares de la historia de la televisión: Cosmos. Se trataba de una serie de 13 capítulos, emitido en más de 60 países y que llegó a 500 millones de espectadores, en la que el mítico divulgador nos hacía llegar con poética simplicidad los conceptos más complejos y fascinantes del universo, incluyendo profundas reflexiones.
Una de las más recordadas es la que Sagan hace en relación a una fotografía. En 1980, el doctor trabajaba en la misión Voyager 1 de la Nasa, una sonda que aún continúa activa, y que entonces exploraba los planetas gigantes del sistema solar: Júpiter y Saturno.
Cuando la Voyager 1 se alejaba definitivamente hacia el espacio interestelar tras su trabajo en nuestro sistema solar, Sagan pidió a la Nasa tomar una foto más. Una década después de salir de la Tierra, poco antes de que se apagaran sus cámaras para conservar energía, se aceptó su propuesta de que se volviera por última vez hacia la Tierra e hiciera una foto de nuestro planeta a una distancia de 6 mil millones de kilómetros.
La fotografía en sí no proporcionaba ningún dato científico, pero Sagan insistió en que quería mostrar al mundo lo pequeño que es el planeta que habitamos en el gran Universo que nos rodea, una oportunidad de gran significado filosófico.
Un “punto azul pálido” es el título que se le dio a la icónica imagen que el 14 de febrero de 2020 cumplió 30 años, y en ella aparece la Tierra como un píxel azul brillante en el inmenso espacio. Es hasta la fecha la imagen de la Tierra capturada desde la distancia más lejana.
Esa imagen fue emitida en la mencionada serie Cosmos y a ella acompañó Sagan con su propia voz una profunda reflexión acerca de nosotros mismos. Unas palabras cargadas de amor por nuestro planeta y por la naturaleza y la vida que contiene:

Mira ese punto. Eso es aquí. Eso es nuestro hogar. Eso somos nosotros. Ahí ha vivido todo aquel de quien hayas oído hablar alguna vez, todos los seres humanos que han existido. La suma de todas nuestras alegrías y sufrimientos, miles de religiones seguras de sí mismas, ideologías y doctrinas económicas. Cada cazador y recolector, cada héroe y cada cobarde, cada creador y destructor de civilizaciones, cada rey y cada campesino, cada joven pareja enamorada, cada niño esperanzado, cada madre y cada padre, cada inventor y explorador, cada maestro moral, cada político corrupto, cada “superestrella”, cada “líder supremo”, cada santo y cada pecador en la historia de nuestra especie vivió ahí: en una mota de polvo suspendida en un rayo de sol. La Tierra es un muy pequeño escenario en una vasta arena cósmica. Piensa en los ríos de sangre vertida por todos esos generales y emperadores, para que, en gloria y triunfo, pudieran convertirse en amos momentáneos de una fracción de un punto. Piensa en las interminables crueldades cometidas por los habitantes de un lugar del punto sobre los apenas distinguibles habitantes de alguna otra parte del punto. Cuán frecuentes sus malentendidos, cuán ávidos están de matarse los unos a los otros, cómo de fervientes son sus odios. Nuestros posicionamientos, nuestra supuesta importancia, el espejismo de que ocupamos una posición privilegiada en el universo … Todo eso lo pone en cuestión ese punto de luz pálida. Nuestro planeta es un solitario grano de polvo en la gran penumbra cósmica que todo lo envuelve. En nuestra oscuridad —en toda esa inmensidad—, no hay ni un indicio de que vaya a llegar ayuda desde algún otro lugar para salvarnos de nosotros mismos. Dependemos sólo de nosotros mismos. La Tierra es el único mundo conocido hasta ahora que alberga vida. No hay ningún otro lugar, al menos en el futuro próximo, al cual nuestra especie pudiera migrar. Visitar, sí. Colonizar, aún no. Nos guste o no, en este momento la Tierra es donde tenemos que quedarnos. Se ha dicho que la astronomía es una experiencia de humildad, y yo añadiría que también forja el carácter. En mi opinión, no hay mejor demostración de la locura que es la soberbia humana que esta distante imagen de nuestro minúsculo mundo. Para mí, recalca la responsabilidad que tenemos de tratarnos los unos a los otros con más amabilidad y compasión, y de preservar y querer ese punto azul pálido, el único hogar que jamás hemos conocido.

Fotografía Voyager 1 Un punto azul pálido Carl Sagan Tierra desde el espacio


Recordad las palabras de Sagan: “Eso es nuestro hogar. Eso somos nosotros. Ahí ha vivido todo aquel de quien hayas oído hablar alguna vez, todos los seres humanos que han existido. La suma de todas nuestras alegrías y sufrimientos".


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