"Si no cruzo, me juzgarán. Si cruzo, inicio una guerra. De cualquier modo, soy un hombre acabado —o soy un emperador."— Atribuido a César, en la orilla del Rubicón

Hay un momento —ese instante que los historiadores han intentado reconstruir durante dos mil años y que nadie puede conocer del todo— en el que César se detiene. No avanza. No retrocede. Se queda inmóvil ante el agua oscura del Rubicón. Y piensa.

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