El enigma de las Pirámides de Egipto

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Si hay una civilización a la que podamos atribuir la cualidad de fascinante, sin duda es aquella que pobló el valle del Nilo hace más de 6.000 años y la dominó durante casi 21 siglos.
La conquista de Egipto por el ejército de Napoleón sirvió para que grandes artistas ilustraran libros ricos en descripciones y dibujos, lo que desencadenó en el mundo occidental lo que podríamos llamar “egiptomanía”. Y al descifrar Champollion los jeroglíficos que contenían la Piedra Rosetta, pudieron empezar a leerse los papiros, tablillas y rocas extraídas de las Pirámides, templos, Esfinges y obeliscos. La civilización egipcia salió de las tinieblas del tiempo y emergió, en su esplendor, ante el asombro del mundo.
La gran pirámide de Keops, a lo largo de sus casi 4.500 años de historia, siempre ha fascinado a la humanidad. Lo conocemos a través de textos desde el mundo antiguo, como los dejados por Heródoto, Plinio, Estrabón o Diodoro, que tuvieron la oportunidad de estar en Egipto y contemplar un monumento que, en aquella época, ya era muy antiguo y que sobrecogía a todos los que se acercaban a contemplarlo. La construcción de la Gran Pirámide de Keops se data sobre el 2.580 a.C. aproximadamente. Las Pirámides de Menfis son la única de las siete maravillas del mundo antiguo que siguen en pie.

Hace más de 4.000 años

Resulta increíble que hace más de cuarenta siglos se pudieran realizar obras tan fabulosas como las Pirámides. Si tenemos en cuenta que lo que hoy conocemos son los restos de las originales, debido a los grandes espolios que han sufrido, podemos imaginar la belleza extraordinaria que debieron reunir tan fabulosas construcciones.
En sus orígenes se hallaban cubiertas por una capa de losetas brillantes, que las convertían en una especie de grandes faros, las cuales fueron arrancadas a lo largo de los siglos para construcciones de edificios en las orillas del Nilo.
A unos dieciséis kilómetros de la actual ciudad de El Cairo, en un paisaje rocoso, se localiza una superficie allanada a la que los árabes dieron el nombre de Giza, donde se encuentran las tres Pirámides más grandes y famosas. Hacia el oeste están las arenas del desierto libio.
La base de la Gran Pirámide de Keops cubre casi cuatro hectáreas, el equivalente a ocho campos de fútbol, y sobre ella algo más de dos millones y medio de bloques de piedra caliza y granito (cada uno de los cuales pesa entre dos y setenta toneladas) colocadas en doscientas y una hileras escalonadas, que cubren la altura aproximada de un edificio moderno de cuarenta y dos pisos.
En las proximidades de la Pirámide de Keops se hallan otras dos más de menor tamaño. Una se atribuye al faraón Kefrén y la otra a Micerinos. También se encuentran otras seis Pirámides muy pequeñas, que debieron servir de tumbas a las esposas e hijas de Keops.
Al ser su función principal la de tumbas, las Pirámides fueron provistas de cámaras secretas, a las que se accedía por unos laberintos que solo conocían los arquitectos. De esta forma se aseguraba el descanso eterno del faraón y de sus familiares y colaboradores.

El enigma de las Pirámides de Egipto

El origen de la religión y la magia

Los egipcios dominaban artes que permitían que el ser humano estableciera comunicación con los dioses y los muertos. Las demás civilizaciones tomaron de Egipto la ciencia del “más allá”, su creencia de que existía una relación directa entre el cielo y la tierra. Así lo hicieron Grecia y Roma. Incluso los judíos miraron a Egipto como la cuna de aquellos secretos. En tiempos más próximos, como la Edad Media, los alquimistas sintieron fascinación por aquella cultura, así como los ocultistas del siglo XVIII, como Cagliostro y el conde Saint-Germain.
Aquel que iba a ser embalsamado de acuerdo con las reglas sagradas, además de contar con amuletos, no temía el paso al “más allá”, ya que estaba convencido de que tendría una nueva vida muy grata.
El “Libro de los Muertos” era dejado junto a la momia y debajo de su cabeza. También podía transcribirse en sus vendajes y en las paredes de la tumba. Contenía encantamientos para vencer a los monstruos que tratarían de impedir al difunto llegar a los cuarenta y dos jueces. Indicaba también el nombre mágico de los dioses y la forma de disculparse ante ellos. Allí defendía su derecho a convertirse en un dios, lo que iba a equipararle con la divinidad más importante del cielo egipcio: Osiris. Debía someterse para ello a la ceremonia de “pesar el corazón”, que si no superaba sería entregado a los monstruos infernales. El sacerdote-mago y el difunto se dirigían a los dioses como un igual, forma sorprendente de entender la religión.
Los egipcios pensaban en la muerte como un concepto metafísico. Creían en la teoría del “ba” y del “ka”. El primero era el alma, que abandonaba el cuerpo al producirse la muerte terrenal, para viajar al otro mundo, donde viviría en los dominios particulares de la divinidad a la que había sido consagrado. El doble del difunto, o “ka”, iba a poder gozar de una mágica existencia, en medio de los objetos familiares o de sus representaciones grabadas en la piedra, talladas en la madera, pintadas en la porcelana o modeladas en imágenes. Por eso las cámaras mortuorias aparecen repletas de objetos, con los que se suponía que iba a disfrutar el “ka” del difunto. En el instante de la muerte, el “ka”(considerado el depósito de energías psíquicas del individuo) desprendido del cuerpo se trasformaba en un fantasma, que mantenía su conciencia, pero se hallaba separado de sus elementos divinos (alma y espíritu) que habían accedido a las regiones celestiales.
Como era imprescindible que ningún extraño entrase en las tumbas, destruyendo el ambiente mágico creado por la acción ritual del mago-sacerdote, se creaban maleficios. El hecho de que las momias se vieran acompañadas de infinidad de riquezas iba a suponer una tentación tan grande que se dispusieron amenazas pintadas o grabadas en las paredes, por medio de jeroglíficos, con laberintos tan inaccesibles que cuarenta siglos después muchos de ellos no han podido ser vencidos.

Los egipcios creían que al morir, el ba o alma viajaba al otro mundo para vivir junto a la divinidad, mientras el ka o doble (energías psíquicas) se transformaba en un fantasma.

La Gran Pirámide de Keops

Hoy en día no hay duda de que la Gran Pirámide de Giza fue construida por el faraón Keops. No solamente porque lo digan los autores clásicos, sino porque así lo atestiguan las marcas de cantero que aparecieron sobre las cámaras de descarga de la Cámara del Rey y también en las que se descubrieron, con el nombre de Keops, en los años 50 del siglo pasado en la cara oeste de la Gran Pirámide. A esto hay que sumar las miles de referencias que hay a dicho faraón y a su pirámide en las tumbas que hay alrededor, tanto en la Necrópolis de la zona oriental del conjunto, perteneciente a miembros de la familia, como en las del lado occidental, correspondientes a tumbas de altos funcionarios de la administración de Keops.
No sabemos cómo se construyeron las Pirámides. Se ha hablado de una rampa en espiral, de una única rampa, etc. Sabemos que los egipcios utilizaban rampas y en la propia meseta de Guiza se han encontrado algunas que pudieron ser utilizadas para la construcción. La última teoría es que dentro de la Pirámide hubiera una rampa en espiral desde la que se fuera construyendo. Pero todo esto no son más que teorías.
Se supone que los grandes bloques de granito de setenta toneladas, con los que se construyó la Cámara del Rey en la Gran Pirámide, se arrancaron de las canteras de Asuán, situadas a unos seiscientos kilómetros Nilo arriba. Luego se transportaron en grandes gabarras.
El historiador griego Heródoto dejó escrito que para construir la Gran Pirámide se necesitaron veinte años y la intervención de cientos de miles de operarios, que eran relevados por una cantidad igual cada tres meses. Para transportar los grandes bloques de granito se realizó una gran calzada de unos novecientos metros de extensión y dieciocho metros de ancho, que tardó en concluirse diez años. Se calcula que los hombres necesarios para desplazar uno solo de esos bloques serían ochocientos, situados en doble fila. Debía hacerse por humanos porque hacía falta una sincronización tan perfecta que con animales jamás hubieran podido conseguirlo.
Se ha calculado que la Gran Pirámide está formada por unos 2.300.000 bloques de 2,5 toneladas de peso cada uno, de piedra local extraída directamente en la meseta de Giza en las canteras al aire libre que todavía vemos hoy. La proporción media de cada bloque es de 1,2 x 1,2 x 0,71 metros. En el caso de que ocho operarios fuesen capaces de transportar diez bloques en tres meses, 100.000 operarios serían capaces de desplazar 125.000 en el mismo espacio de tiempo. Esto cubriría los veinte años que Heródoto dijo que se habían empleado para construir la Gran Pirámide.
Hay que tener en cuenta que no solo intervenían los arrastradores, los operarios que manejaban las rampas y los arquitectos, ya que se cree que una cantidad similar trabajaba en las canteras, en las gabarras que navegaban por el Nilo y los diferentes puntos de recogida de piedras. Si añadimos los artistas que construyeron el interior de la Pirámide, con sus laberintos, sus salas, sus figuras y sus inscripciones y ornamentos, no nos queda más remedio que pensar que en la construcción de la Gran Pirámide estaba involucrado todo Egipto.
Tenemos que considerar la capacidad de organización del equipo de administradores de las obras, ya que debían cuidarse del trabajo, de los suministros, de los hospitales y de las viviendas. Esto nos lleva a imaginar una inmensa comunidad, superior a todos los habitantes que vivían en las ciudades más grandes de la época. Pensemos que junto a los hombres se encontraban cerca de 150.000 mujeres y niños, ya que un gran número de operarios estaba casado.
No falta quien opina que la idea de que las Pirámides fueran construidas en el tiempo indicado por Heródoto es imposible. Para que pudiera ser cierto, los 2.300.000 bloques de granito hubieran precisado 7.300 jornadas de trabajo. Lo que hubiera supuesto colocar 315 bloques al día, es decir, 26 por hora a lo largo de doce horas por jornada.
No obstante es probable que las Pirámides no estén formadas por tantos bloques, ya que actualmente se piensa que los cimientos son de roca natural, de forma piramidal escalonado, y que supusieron un ahorro en la construcción del núcleo próximo al 12% (algunos autores hablan hasta de un 40%), en el caso de la Gran Pirámide. Sobre este núcleo y posteriormente se habría colocado un revestimiento mediante monolitos de las mismas características y dimensiones que el núcleo. Además, se he comprobado por escáneres que muchas galerías del interior de la Gran Pirámide están rellenas de arena, por lo que también rebajaría el número de bloques necesarios.
En 2013 aparecieron unos papiros en el puerto Wadi El-Jarf del mar Muerto, a 120 kilómetros al sur de la ciudad de Suez, donde un funcionario de mediano rango llamado Merer, que trabajaba durante la construcción de la Gran Pirámide, habla del año 26 del reinado del faraón, lo que dilata un poco más el tiempo que pudieron tardar las obras del monumento.
Este descubrimiento, por otra parte, descarta definitivamente las ideas de que la construcción de la Gran Pirámide fuera anterior a la IV dinastía o realizada por otra civilización o incluso por alienígenas. Los investigadores de la nueva era, por ejemplo, pensaban que la construyeron los atlantes. Además, conservamos de la IV dinastía miles de tumbas identificadas y al sur de la Esfinge de Giza una ciudad de los obreros que participaron en la construcción, sus tumbas, restos de animales y de la vida cotidiana de tres generaciones, todas de la IV dinastía.

Templo de iniciación

Muchos son los que han pensado que la Gran Pirámide fue construida por iniciados, como una especie de contenedor de conocimientos que solo podían ser interpretados por otros iniciados, relativos a grandes principios y leyes del cosmos. En estas teorías la Cámara del Rey de la Gran Pirámide sería un templo de iniciación, en lugar de la tumba del faraón Keops. ¿Y dónde estaría entonces la tumba del Faraón que mandó construir la Gran Pirámide?
Debemos mencionar aquí la supuesta existencia de una Tumba-Isla. Se trataría de una estancia de dimensiones desconocidas que poseería una isla en el centro y un canal hasta el Nilo. Historiadores como el griego Heródoto afirmaron haber oído hablar de ella y otros como el romano Plinio del Viejo la recogen por otras fuentes. Sin embargo, excepto la cámara subterránea, situada bajo la Pirámide de Keops, no ha sido encontrada ninguna más, pese a las investigaciones emprendidas por distintos equipos de arqueólogos y egiptólogos. Además, Heródoto no dijo que estuviera bajo la Gran Pirámide, sino “en la colina sobre la que se alzan las pirámides”.
Sin embargo, resulta extraño que la cámara funeraria de la Gran Pirámide sea de tan fácil acceso. Todos los faraones salvo Snofru y Keops fueron enterrados por debajo de su Pirámide. Keops pensó en poner su tumba dentro del propio edificio. La primera cámara, la subterránea, está inacabada. La segunda cámara, llamada de la Reina, no puede ser una habitación de enterramiento, es demasiado pequeña. Destacados arqueólogos, entre ellos Zahi Hawass, antiguo Ministro de Antigüedades del Gobierno Egipcio y uno de los más celebres egiptólogos del mundo, piensan que la tercera cámara, llamada del Rey, que contiene el sarcófago, fue construida para hacer creer a la gente que ahí estaba enterrado el faraón. Se basan en una investigación de 1993 en la que se envió un robot, con una cámara, por el canal sur de la Cámara del Rey y se encontró una primera puerta con dos plomos de cobre, que después se perforó encontrando una segunda puerta detrás de la primera. Luego apareció una tercera en el canal norte. Están convencidos de que detrás de estas puertas está el verdadero enterramiento de Keops, con todos sus tesoros, pues la puerta está escondida en un lugar inaccesible de la habitación. Hay que decir que en ninguna de las otras 125 pirámides que hay en Egipto se había visto una puerta como esa. Solo está en la Pirámide de Keops.
Está más que demostrado que las Pirámides eran tumbas. Lo dicen los mismos papiros y las inscripciones hechas en las propias Pirámides. Ahora bien, no son tumbas como las entendemos actualmente, son también lugares de culto y de conocimiento. Veamos algunos datos:
El apotema completo de la Gran Pirámide alcanza una medida de 10.000 codos de largo, que son 1.870 m. El radio resultante debería medir 3.570 m. Pues hasta el siglo XX no se comprobó que una luz desaparece completamente en el horizonte a 3.570 m, en el momento que el ojo del observador se encuentra exactamente a un metro sobre el suelo.
Se ha demostrado también que la Gran Pirámide era la representación de un esquema decimal del sistema solar. La altura del monumento es la millonésima parte de la distancia de la Tierra al Sol, medida desde los límites de la atmósfera, y la base de la Pirámide representa la diezmilésima parte de la superficie de la Tierra.
Hay más. El perímetro de la estructura del monumento en pulgadas piramidales es similar a 1.000 veces 365.2, que son los días de un año solar. Se adelantaron quince siglos a los griegos, a quienes se atribuyó ese calculo.
Todos los expertos coinciden en una cosa: la Gran Pirámide de Keops es la construcción más precisa que jamás haya realizado el ser humano, tanto en su exterior como en su interior.
En definitiva, pareciera que los antiguos egipcios pretendieron construir un monumento a la ciencia de su tiempo, quizás pensando en que no se perdieran esos conocimientos aunque su civilización desapareciera.

El enigma de las Pirámides de Egipto

Cuadrante solar

La comprobación de que la Gran Pirámide de Keops había sido construida dándole una ligera inclinación, con el propósito de que señalara el instante que se producía el equinoccio, fue verificada, en 1934, por Andre Pochan, que fotografió la cara meridional del monumento, utilizando un filtro infrarrojo, a las 6 horas y a las 18 del equinoccio de primavera. Así se comprobó que las caras norte y sur de la Gran Pirámide pudieron ser utilizadas para indicar con la mayor exactitud el instante mismo de los equinoccios.
Pensemos que los campesinos egipcios dejaban todos los años, a lo largo de tres trimestres, sus aldeas de las montañas para descender a las tierras bajas. Iban con sus familias, ganado y gran parte de sus pertenencias, para labrar la tierra, sembrar y recoger las cosechas. Cuando llegaba la época de regresar a las montañas, con la crecida del Nilo, debían conocer la fecha exacta al menos con quince días de antelación o, de demorarse, podían quedarse aislados y perecer bajo las inundaciones anuales.

Observatorios astronómicos

Se ha podido demostrar también que los antiguos egipcios utilizaban las Pirámides como observatorios astronómicos. Los templos solares egipcios habían sido construidos para que, al amanecer o a la puesta del Sol durante el día más largo del año, los rayos penetraran en un corredor muy prolongado, construido ingeniosamente para llegar al centro del templo. Solo se proyectaría durante el corto espacio de dos minutos. De esta manera podían calcular la duración de un año, hasta el minuto o las cuatro diezmilésimas.

La Gran Pirámide parece un contenedor de conocimientos relativos a grandes principios y leyes del cosmos, quizás para preservar los conocimientos de aquella civilización.

Conocimientos que se perdieron

No podemos mantener que el antiguo Egipto no pasó de disponer de una tecnología rural y debemos aceptar que aquella civilización hace más de 4.500 años era más avanzada, en muchos extremos, que la nuestra actual. Esto nos muestra que no necesariamente la evolución humana es linealevidencia que civilizaciones muy avanzadas de la antigüedad poseían conocimientos que se perdieron y que solo mucho después hemos podido recuperar, y en algunos extremos incluso todavía debemos descubrir.

Últimas investigaciones

En los últimos años se han realizado investigaciones utilizando la técnica de medir muones. Son partículas elementales que vienen del espacio a través de los rayos cósmicos, atraviesan la atmósfera y llegan a la Tierra. Al medir la cantidad de muones que atraviesan la piedra de la Gran Pirámide, podemos saber su densidad y conocer si hay espacios vacíos ocultos en su interior. En los años 70 y 80 del siglo pasado ya se encontraron varias de estas habitaciones, por ejemplo en el pasillo que lleva a la Cámara de la Reina apareció uno paralelo que estaba lleno de arena. 
En el proyecto ScanPyramids se trabaja para encontrar huecos en el interior de las pirámides. Este equipo ha anunciado ya la existencia de dos vacíos, uno detrás de la entrada principal de la Gran Pirámide y otro, de 30 metros de largo, sobre la Gran Galería. El primero ya se conocía y se van a realizar más pruebas para determinar qué hay en el hueco sobre la Gran Galería.

Como vemos, son mayores los enigmas que quedan por descubrir de la Gran Pirámide que lo que conocemos. Por eso, entre otras cosas, las Pirámides siguen produciendo tanta fascinación. Debemos admirarnos de lo que fueron capaces los antiguos egipcios, sin necesidad de recurrir a teorías extrañas, y entregarnos a resolver los misterios acerca de su construcción; si todavía quedan cámaras que encontrar en su interior, dónde pueda estar enterrado el faraón Keops y, en definitiva, descubrir tantos secretos que aún guardan aquellas como silenciosos testigos del paso del tiempo. 

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