Altamira y el arte rupestre

La memoria - Comentarios -

El año 1875, D. Marcelino Sanz de Sautuola descubrió cerca de la localidad cántabra de Santillana del Mar la cavidad de Altamira. Erudito y aficionado al coleccionismo de fósiles, entre otras cosas, tras contemplar las colecciones de objetos prehistóricos en la Exposición Universal de París de 1878, se decidió a practicar excavaciones en la cueva entre ese mismo año y 1879. Fue entonces cuando su hija María descubrió los famosos policromos que el mismo Sautuola dio a conocer al mundo al año siguiente. Él reconoció que no se le había ocurrido mirar hacia arriba, pues lo que le interesaba era buscar en el suelo materiales líticos y restos de una antigua ocupación humana. Imaginad la cara de D. Marcelino cuando contempló por primera vez esas increíbles pinturas, convencido de estar ante dibujos realizados por hombres que vivieron en esas cuevas varios miles de años antes.
Sautuola comunicó sus hallazgos a Juan Vilanova y Piera, catedrático de Paleontología de la Universidad de Madrid, quien apoyó las conclusiones de Sautuola y se encargó de divulgar y defender ante la comunidad científica la autenticidad del arte rupestre.

En principio no se les creyó y llegaron a tildar a Sautuola de farsante, afirmando que las pinturas habían sido hechas por un pintor moderno, contratado por el erudito cántabro. Sin embargo, el hallazgo de nuevos conjuntos rupestres en Francia, a finales del s. XIX, hizo que las pinturas de la cueva fueran finalmente reconocidas como auténticas por la comunidad científica en 1902, presentándose entonces disculpas. Pero ya era tarde para Sautuola y Vilanova, quienes murieron en el más absoluto descrédito.

Altamira es una joya del arte paleolítico: presenta ocupaciones de hábitat de los períodos Solutrense (unos 18.000 años) y Magdaleniense Inferior (entre 16.500 y 14.000 años). La Sala de los Policromos, el panel más famoso, presenta aproximadamente una veintena de bisontes, de gran tamaño y generalmente bicromos y grabados, así como una gran cierva, dos caballos y varios signos, entre ellos grandes claviformes en rojo con protuberancia central. También aparecen algunas manos en negativo moradas, varios caballos y bisontes en negro y un gran conjunto de grabados con ciervos, signos y varios antropomorfos.
Altamira contiene santuarios de varias épocas. Los motivos más antiguos parecen ser los del interior de la cavidad, que irían del Solutrense Superior al Magdaleniense Arcaico. Los polícromos se sitúan en torno al 14.500 antes del presente (Magdaleniense inferior).

Hace más de veinte años un espeleólogo informó a los arqueólogos de la posible existencia de pinturas antiguas en diversas cavidades de Cantabria. Finalmente en 2017 se confirmó que un equipo de investigadores había localizado en cuatro pequeñas cuevas (o cavidades) de la región nuevas pinturas rupestres que tendrían entre 30.000 y 20.000 años, es decir, más antiguas que las de Altamira, aunque no fueran tan espectaculares.


Pintura rupestre de bisontes en la Cueva de Altamira



El arte prehistórico está representado fundamentalmente en el norte de España y Francia. Los ejemplos más significativos son:

1. La propia Altamira, en Cantabria (España). Donde se descubrió y donde comenzó nuestra comprensión del pasado de la humanidad.
2. Lascaux, en Perigord (Francia). Unos 17.000 años. Junto a Altamira y Chauvet, las más importantes en Europa. Es la que ofrece más dibujos y grabados: en 243 metros se concentran 1.963 figuras, entre ellas 364 caballos.
3. Chauvet, en Ardèche (Francia). Unos 36.000 años. Se descubrieron las más antiguas pinturas hasta el momento en Europa y, sin embargo, eran extraordinariamente sofisticadas. Animales como felinos o rinocerontes se mezclan en grandes paneles que parecen dotados de movimiento.
4. Tito Bustillo, en Asturias (España). 17.000 - 12.000 años. La cueva con arte parietal más importante que se puede visitar en España. Contiene grabados tan poco habituales como una ballena y un caballo violeta.
5. El Castillo / Las Monedas, en Cantabria (España). 40.800-36.000 años. Situadas en Puente Viesgo, a apenas unos metros la una de la otra. Destaca en El Castillo el impresionante panel de las manos.
6. El Pendo, en Cantabria (España). 20.000 años. La primera que descubrió D. Marcelino Sanz de Sautuola, en 1878, aunque las pinturas no se descubrieron hasta los años noventa del siglo pasado.
7. Font-de-Gaume/Combarelles, En Perigord (Francia). 15.000 - 12.000 años. La única cueva en Europa en la que se puede contemplar bisontes policromados. Forma parte del conjunto parietal más rico de Francia, en la localidad de Les Eyzies-de-Tayac-Sireuil.
8. Roufignac, en Perigord (Francia). 13.000 años. Representación de animales no muy frecuentes en el arte prehistórico, como mamuts y rinocerontes lanudos.
9. Cosquer, en Marsella (Francia). 19.000 años. Durante casi 10.000 años nuestros antepasados dibujaron y grabaron esta cueva. Ofrece dibujos nada habituales de fauna marina, como focas y pingüinos. Solo se puede entrar buceando por una larga galería submarina, ya que al final de la Edad de Hielo subió el nivel del mar.

Actualmente se conoce arte rupestre en lugares tan lejanos de Europa como Argentina y se cree que la cueva de Leang Tedongnge, situada en el sur de la isla de Célebes (en indonesio, Sulawesi), alberga la pintura rupestre más antigua realizada por Homo sapiens que se ha descubierto hasta la fecha: habría sido pintada hace unos 45.500 años, según las dataciones por uranio. La universalidad de esta expresión artística en lugares tan remotos y en tiempos tan lejanos es algo que no hace sino aumentar el misterio que lo rodea.

¿Cómo es posible que existiera la costumbre de realizar pinturas en los techos de las partes más recónditas y oscuras de las cuevas, en lugares tan alejados entre sí en el planeta que es prácticamente imposible que esas gentes hubieran tenido contacto alguno entre ellos?


Pintura rupestre de bisontes en la Cueva de Altamira

¿Qué intención les movió a realizar esas pinturas?

Hasta ahora se desconocía la función de las pinturas y los expertos apuntaban a meras imágenes o símbolos. Sin embargo, un estudio publicado en 2018 por investigadores de la Universidad de Edimburgo sugiere que los animales dibujados en las cuevas representan constelaciones de estrellas y habrían sido utilizados para indicar fechas y marcar eventos como el impacto de cometas. De algún modo los humanos registraban el paso del tiempo conociendo cómo la posición de las estrellas va cambiando lentamente a lo largo de miles de años. Esto significaría que los hombres prehistóricos de hace 40.000 años entendían el efecto del cambio gradual del eje de rotación de la Tierra, cuyo descubrimiento está atribuido a los antiguos griegos. 

El estudio afirma que los conocimientos astronómicos de los pueblos antiguos eran mucho mayores de lo que se pensaba, y esto pudo haber ayudado en la navegación en mar abierto, lo que abriría nuevas ideas sobre las migraciones prehistóricas. 

Los investigadores estudiaron el arte paleolítico y neolítico en Turquía, España, Francia y Alemania, y concluyeron que en todos los sitios utilizaban el mismo método de registro del tiempo basado en la astronomía, a pesar de que los ejemplos estudiados se distancian en el tiempo decenas de miles de años. 

Además indican que algunas tallas en piedra de Gobekli Tepe (Turquía) pueden interpretarse como un memorial del impacto de un cometa hacia el año 11.000 a. C., que dio comienzo a una pequeña edad de hielo. Igualmente, la famosa Escena Del Pozo de Lascaux en Francia, que representa a un hombre y varios animales, podría conmemorar otro impacto de cometa alrededor del año 15.200 a.C. 

El equipo de investigadores comparó muchas de estas pinturas rupestres con las posiciones de las estrellas en tiempos prehistóricos a través de simulación por software, confirmando sus hallazgos.  Según el doctor Martin Sweatman, director del estudio, el arte rupestre temprano muestra que la gente tenía un conocimiento avanzado del cielo nocturno en la última era glacial, y apoya la teoría de múltiples impactos de comentas en el desarrollo humano. Intelectualmente no eran muy diferentes de nosotros. 

Un estudio sugiere que los animales dibujados representan constelaciones de estrellas y habrían sido utilizados para indicar fechas y marcar eventos como el impacto de cometas.

Es posible que estemos cada vez más cerca de conocer lo que significan pero no cabe duda de que su belleza y su misterio nos emocionan profundamente. Nos encontramos ante un mundo rico y colorido que emerge, de entre las sombras, desde un pasado absolutamente remoto y que parece tratar de transmitirnos un mensaje.

Esas pinturas sitúan a los que las contemplan al borde mismo del abismo del tiempo, y les hacen reflexionar, como todas las cosas que asombran, sobre su pequeño papel en la gran obra de la vida.

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